Marina Núñez del Prado es una de las figuras más destacadas de la escultura boliviana del siglo XX. Formada en la Escuela Nacional de Bellas Artes de La Paz, encuentra en el mundo andino la principal fuente de inspiración de su obra. Talla en ónix, granito y maderas nativas a la mujer indígena, a la madre, al minero y a las montañas del altiplano. Sus formas curvas, redondeadas y sensuales traducen la esencia de la comunidad aymara al lenguaje de la abstracción. Su obra, expuesta en América, Europa y Asia, la consagra como una de las grandes figuras de la plástica del continente.
El 20 de noviembre de 1952, Marina escribe desde Madrid a su amiga Gabriela Mistral, la poeta chilena y Premio Nobel de Literatura. En la carta, Núñez narra su viaje por Andalucía y su paso por Marruecos. Agradece a Mistral el poema que había dedicado a su obra, publicado en «La Nación» de Buenos Aires, y le expresa su deseo de exponer en París. Conservada hoy en la Biblioteca Nacional de Chile, la carta es un pequeño puente tendido entre Bolivia, Chile y España.
La propia Mistral apoda a Marína Núñez como «la boliviana genial«, mientras que Rafael Alberti le dedica unos versos que celebraban su mano de «jazmín y garra» y su obra escultórica, tan grande como el altiplano que la vio nacer. Hoy, en La Paz, el Centro Cultural que lleva su nombre custodia y exhibe su legado, profundamente vinculado a la cultura andina y al universo femenino, con la voluntad de reivindicar el lugar que le corresponde en la historia del arte.

