Bolivia

El germen del Fondo Indígena

En Bolivia, el 9 de junio de 1992, Felipe González se reúne con el presidente boliviano Jaime Paz Zamora. Las notas de este encuentro, tomadas por Josep Pons Irazazábal, director del Departamento Internacional del Gabinete de la Presidencia del Gobierno, recorren la densa agenda de cooperación entre los dos países pocas semanas antes de la II Cumbre Iberoamericana, celebrada en Madrid en julio de ese mismo año.

La conversación repasa líneas de crédito, inversiones y proyectos concretos: desde el Corredor de los Libertadores, la puesta en marcha de un proyecto de atención maternoinfantil, la modernización de las infraestructuras de telecomunicaciones y el desarrollo de programas de abastecimiento de agua y electrificación en el medio rural.

Era 1992, el año del V Centenario, y la cuestión indígena ocupa un lugar central en el diálogo entre España e Iberoamérica: sobre la mesa se encuentra la puesta en marcha del Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. La idea, nacida de organizaciones indígenas bolivianas, la había llevado Paz Zamora a la I Cumbre Iberoamericana, celebrada en Guadalajara (México) en 1991.

Paz Zamora insiste en este encuentro en que el Fondo «se apruebe en Madrid». González lo ve factible, aunque subraya la importancia de contar también con el respaldo financiero de México y de otros gobiernos para evitar que la medida sea vista como «una tentación neocolonial de España».

Pocas semanas después, el 24 de julio de 1992, durante la II Cumbre Iberoamericana se crea el Fondo Indígena, hoy conocido como Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe (FILAC). Se trata de un organismo internacional pionero, el primero de carácter multilateral dedicado específicamente a promover el desarrollo y defender los derechos de los pueblos indígenas. Su sede se establece, precisamente, en La Paz.