Bolivia

Con hilos se tejen puentes

La visita de Felipe González a Bolivia en junio de 1992 se desarrolla conforme a un amplio programa de actividades que incluye, entre otros actos, la inauguración de un centro cultural en La Paz. En este marco, las autoridades andinas reciben y homenajean a González ataviándole con la indumentaria tradicional aymra: un wayru punchu o poncho negro y rojo; un ch’ullu o gorro andino con orejeras; y un ch’utuqa o sombrero tradicional aymara. Un gesto de acogida que equivale a reconocer al visitante como uno de los suyos.

El gesto encierra, además, un significado político. Es el propio Paz Zamora, presidente de Bolivia entre 1989 y 1993, quien coloca a González el ch’utuqa en un gesto con el que parece querer reivindicar el legado y la dignidad de los pueblos indígenas. A lo largo de su mandato, Paz Zamora se distingue por su compromiso con los derechos de estas comunidades. En 1990 reconoce por decreto los primeros territorios indígenas del país; en 1991 promueve la ratificación del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre pueblos indígenas y tribales; y en 1992 impulsa la creación del Fondo Indígena, el organismo iberoamericano que fija su sede en La Paz. Era 1992, y mientras se debate el sentido de los quinientos años transcurridos desde la llegada de Colón a América, la cultura y la política bolivianas reivindican la vigencia y la dignidad de sus pueblos originarios.

De aquel viaje destaca una anécdota: Óscar Würth, subsecretario del ministerio de Asuntos Exteriores de Bolivia y criador de llamas y alpacas, regala a González una llama que, tras vivir en los jardines de La Moncloa, es trasladada al Zoo de Madrid en 1996.