Cada año, la ciudad de Oruro, situada en el altiplano boliviano, a casi 3.700 metros de altitud, se convierte en escenario de uno de los mayores espectáculos culturales de América: el Carnaval de Oruro. Durante seis días, más de veintiocho mil danzantes y diez mil músicos protagonizan la «Entrada«, una larga peregrinación bailada hacia el Santuario del Socavón.
El Carnaval de Oruro nace de la fusión de dos tradiciones: los antiguos rituales de los pueblos indígenas y el culto católico introducido desde la península ibérica. Ambas manifestaciones confluyeron hasta dar lugar a una expresión cultural única, reflejo del sincretismo religioso y cultural. En sus máscaras y sus bailes conviven creencias andinas prehispánicas, con la Pachamama, el «Tío» de las minas y la tradición católica, encarnada en la Virgen del Socavón, patrona de los mineros. Entre sus danzas sobresale la Diablada, que representa la eterna lucha entre el bien y el mal a través de máscaras de deslumbrante orfebrería.
En 2001 la UNESCO declara el Carnaval de Oruro como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. La distinción es otorgada por un jurado del que formaban parte dos grandes figuras de las letras iberoamericanas: el escritor español Juan Goytisolo y el mexicano Carlos Fuentes. Posteriormente, en 2008 esta festividad se incorpora en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
